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CRISTIANISMO: DEFENDIENDO SU TEOCENTRICIDAD Y SUSTENTO EN CRISTO
19 de Febrero 2011
Por Rev. Sebastian Menay
El 5 de Abril del presente mes, el historiador Joaquín Fermandois, profesor del Instituto de Historia de la Universidad Católica, en la página A3 del Mercurio de Santiago, entregó una defensa de la religión, específicamente de la religión católico-romana. No obstante, tras una lectura exhaustiva del texto pude darme cuenta que este lego en historia comete varios errores importantes en la argumentación en la que basa esta supuesta defensa. En primera instancia, nos dice que la religión se funda en una especie de esperanza, una realidad intangible -por no decir imaginaria- que otorgaría respuesta a la pregunta ¿Quién soy? Esa idea es más bien la de una religión antropocéntrica y no teocéntrica como declara ser el auténtico Cristianismo.
En el texto, también afirma que la función del intermediario es “fundamental e insustituible” en la religión. Eso está bien para cualquier clase de religión nacida desde el hombre, pero no para el Cristianismo que declara ser una religión revelada y que en Jesucristo encuentra su única cabeza y mediador. Eso es lo que enseñan las Escrituras y lo que el Protestantismo también enseña. Fermandois tiende a confundir el Cristianismo con el catolicismo y ese no sólo es un error, sino que constituye una falta de respeto y desconocimiento histórico para los que somos protestantes, así como para ortodoxos, cristianos etíopes y otros movimientos tanto o más cristianos que el mencionado por el profesor de la Universidad Católica.
Además nos dice que la modernidad llegó a “debilitar la fe”. La pregunta que surge entonces es ¿Qué tipo de fe ha debilitado? Si se refiere a la fe medieval, que descansaba sobre las instituciones y los mediadores humanos, tiene toda la razón, pero otra cosa es el Protestantismo que dio impulso a la modernidad. Es en ésta manifestación del cristianismo histórico, donde se desarrollan los conceptos de sacerdocio universal de los creyentes (cada creyente se relaciona directamente con Dios, sin otro mediador que el Señor Jesucristo), la autoridad única de las Escrituras (no un sacerdote o maestro), la salvación personal por la fe en Jesucristo (no fe en la Iglesia), y el gobierno colegiado (donde los laicos co-gobiernan con los pastores, que en algunas denominaciones también son laicos y en su gran mayoría casados y con hijos). Por lo tanto, la modernidad no es un obstáculo para el Cristianismo, sino que es una oportunidad para el desarrollo de éste y muy en particular para el Protestantismo, sobre todo para uno maduro y reflexivo, donde cada creyente pueda conocer y juzgar por sí mismo las verdades del Evangelio.
Por cierto, hoy se nos presenta el desafío del cambio de era, de la llamada posmodernidad y de su irracionalidad, que sin duda constituye un verdadero reto, pero el Cristianismo sabrá responder a sus inquietudes porque en el Evangelio hay una noticia perenne que nos entrega la certeza de la vida eterna: CRISTO. De esta manera, podemos afirmarle al mundo y al señor Fermandois, sin temor a equivocarnos, que el verdadero Cristianismo no es afirmado por una esperanza irracional y por un deseo de trascendencia, es afirmado por la verdad que lo sostiene: Dios mismo que se hizo hombre en medio de la historia

Rev. Daniel Vásquez Ulloa
Moderador Venerable Sínodo
Iglesia Presbiteriana de Chile |