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PENSANDO LA IGLESIA
26 de Agosto 2010
Por Rev. Jonathan Muñoz V.
Haciendo un diagnóstico muy general, la realidad de la Iglesia Presbiteriana las últimas tres ó cuatro décadas es de iglesias que, en el mejor de los casos, se estancan y, en el peor, decrecen: de iglesias organizadas pasan a ser avanzadas y de avanzadas pasan a ser templos casi vacíos. Quisiera decir que nuestras iglesias vegetan, pero los vegetales crecen y se desarrollan...
No juzgo a otros. No apunto con el dedo a nadie, excepto a mí. Me siento responsable porque SOY responsable. Aprendí, curiosamente de Sartre, que el saberse responsable no es hundirse miserablemente en el lodo tibio de la culpa sino saber y entender que está en mis manos hacer algo para que la situación cambie. No asumo expectativas mesiánicas de ningún tipo tampoco. Eso es propio de mentes carnales e infantiles, no centradas en Jesús. Sólo Él es el único y verdadero Mesías, el único Cabeza de la iglesia.
Pensando y pensando, un par de ideas me surgieron y quiero compartirlas. No son tesis. No son propuestas. No son proyectos. Son ideas sueltas. Incompletas. Fragmentadas. Espero que nos puedan servir para ser la iglesia que Dios quiere que seamos.
“Leo mi Biblia y no veo iglesias-burbujas… sino que veo iglesias diseñadas para enviar: iglesias más parecidas a virus”
Paso al frente de una grande y moderna iglesia de otra denominación, ubicada estratégicamente a una cuadra del centro neurálgico de Santiago. ¿Qué veo? Una gran burbuja de concreto. No me malentiendan. Sus actividades son atractivas y toda la semana está abierta para algún tipo de programación novedosa y creativa. Su membresía y asistencia a los cultos dominicales crece. Y crece tanto que supe por ahí que han tenido que empezar a hacer dos cultos dominicales. Varios amigos míos, que nos criamos juntos en la presbiteriana, van a esa iglesia ahora. ¡Y ese es el problema! Allí hay mucho trasvasije de otras iglesias. Nadie lo hace intencional. Estoy seguro que el pastor de esa iglesia no lo quiere así, pero la metodología, el lenguaje, el estilo, la forma de ser de las personas (o sea, todo aquello que importa mil veces más que las declaraciones de Visión y Misión de una planificación estratégica bien hecha en word y excel) repele a los habitantes de las casas y departamentos que están al lado, al frente y en la cuadra de atrás de dicha iglesia y sólo logra atraer a los evangélicos o a las personas de clase media que comparten los valores de familia, trabajo y “decencia” que los evangélicos tenemos. Los cafés y bares del sector, que no son pocos, están llenos de gente que no pisarían ese templo ni aunque les ofrezcan el último musical bien ensayado, con luces, data-show, actores y la más contemporánea música en vivo.
¿Qué es lo más inquietante para mí? Que nuestras iglesias presbiterianas “miran pa' rriba” este tipo de iglesias y admiran su forma de ser. Sin duda, hacen más de lo que hemos hecho, pero ¿es realmente eso lo que queremos ser? Más importante aún: ¿es eso lo que Jesús nos llamó a ser? Leo mi Biblia y no veo iglesias-burbujas con imponentes templos ni actividades diseñadas para atraer... sino que veo iglesias diseñadas para enviar: iglesias más parecidas a virus (uno bueno, eso sí) que se extienden en todos los tejidos sociales, cambiando corazones, familias, plazas, ciudades y hasta la actividad económica de las mismas (como en el caso de Éfeso). Y a propósito de virus, aquí comparto mi segundo pensamiento:
“Sólo el Evangelio de Gracia edifica a la Iglesia y le da crecimiento en todos los aspectos”
Si una iglesia es un hospital espiritual (idea que comparto, hasta cierto punto), entonces también es un lugar propicio para la proliferación de infecciones intrahospitalarias, sobre todo si no hacemos uso del único antiséptico efectivo: el Evangelio. Me explico: muchos huyen hacia esta burbuja llamada iglesia. Huyen de la fornicación, de los vicios, de los excesos de alcohol de fin de semana, de la ambición desmedida y aquí encuentran refugio, cuidado y tratamiento para sus enfermedades. ¡Pero salen de aquí contagiados con otras! Contagiados de hipocresía, de fariseísmo, de complejo de superioridad (que en realidad es un complejo de inferioridad que busca compensarse), de sed por demostrar que yo soy el más santo, el más espiritual, el más consagrado, el más reformado o el más teológico. La infección intrahospitalaria puede suceder en cualquier hospital, pero pasa más, mucho más, en los hospitales insalubres que no hacen uso de los básicos procedimientos de asepsia.
El Evangelio nos llama a arrepentirnos de las malas obras que surgen de corazones rebeldes y contrarios a la ley de Dios y también nos llama a arrepentirnos de las buenas obras que surgen de corazones deseosos de manipular a las personas y al mismo Dios. El Evangelio nos muestra que podemos oponernos a Dios yendo contra las reglas o siguiendo las reglas, por igual. Podemos estar lejos de Cristo y su señorío, queriendo ser nuestros propios señores que deciden lo que es bueno y malo aparte de Dios y Su palabra ó podemos estar lejos de Cristo y su salvación, queriendo salvarnos a nosotros mismos mediante el mejor esfuerzo por ser buenos y obedientes a Dios y Su Palabra, con el fin de que Dios nos bendiga, nos prospere, bendiga a nuestra familia y nos dé el cielo. El Evangelio confronta a ambos tipos por igual. El Evangelio afirma, proclama y recuerda cada semana, cada día, que sólo Cristo es el único y suficiente Señor y Salvador.
¿Estamos preocupados, más allá de la obediencia (casi religiosa) a los manuales y gurús de igle-crecimiento, de ser iglesias Evangelio-céntricas? ¿Es la mala noticia [de la profundidad y extensión de nuestro pecado] junto con la buena noticia [del pago TOTAL que Cristo hizo por gracia en la cruz y en la tumba vacía por nuestro pecado] lo que más hablamos en nuestras iglesias?
Que nuestras iglesias estén llenas de no-cristianos es mi anhelo. Pero de no-cristianos que saben bien que no lo son y que, aún así, se sienten acogidos, escuchados y amados por la comunidad mientras exploran la fe y aprenden de Jesús. Pero, a veces, puede haber iglesias llenas de no-cristianos que no tienen idea que no son convertidos y ¡no sólo eso! Sino que el resto de los miembros los admira y los elige para cargos porque son tan “buenos, correctos y morales”... ¡pero la triste verdad es que están perdidos! Y ellos mismos no lo saben porque creen que confesar la doctrina correcta, dar el diezmo, llegar a la hora a la Escuela Dominical, ser buenos trabajadores y tener lindas familias es sinónimo de "ser un buen cristiano".
El Evangelio bien predicado y bien enseñado es un agente antiséptico efectivo. En este mundo caído no tendremos iglesias perfectas y lo sabemos bien, pero tampoco debemos conformarnos a convivir con el pecado de la falta de santidad ni con el pecado de la auto-justicia. Sólo el Evangelio es el antídoto para ambos males. Sólo el Evangelio de gracia nos justifica, sólo el Evangelio de gracia nos convierte, sólo el Evangelio de gracia nos santifica y SÓLO EL EVANGELIO DE GRACIA EDIFICA A LA IGLESIA Y LE DA CRECIMIENTO EN TODOS LOS ASPECTOS.

Rev. Jonathan Muñoz Vásquez
Director Seminario Teológico José Manuel Ibáñez Guzmán |