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PLANTADORES: PARA DIOS NO HAY NADA IMPOSIBLE
Probablemente la denominación “plantadores” ya nos hable de la difícil tarea que hombres y mujeres deben enfrentar a la hora de iniciar el desafío de establecer una nueva iglesia, y es que si pensamos en plantadores nos remitimos de inmediato al verbo plantar, al hacerlo visualizamos un rectángulo de tierra vacía, entonces caemos en la cuenta que probablemente y a pesar del término no tenemos una planta, sino una semilla, de inmediato pensamos que no sólo necesitaremos condiciones propicias para alcanzar nuestro objetivo, también mucha paciencia, perseverancia y plena confianza en Dios.
Tres características que son el factor común entre nuestros hermanos Alejandro Silva, pastor plantador de la Avanzada de Temuco; Guido Benavides, licenciado plantador del proyecto de La Serena; Vladimir Pacheco, presbítero plantador puente de vida; y Alejandro Lara, licenciado encargado del grupo familiar de Melipilla. Estos hombres de fe iniciaron sus proyectos tomados de la mano del Señor y esperan que día tras día más personas de la Iglesia se sumen a este desafío “soñar no cuesta nada…y para Dios no hay nada imposible. Si tenemos la posibilidad de levantar estos grupos, que en el tiempo puedan ser iglesias, hay que hacerlo”, afirma el licenciado Alejandro Lara, porque “plantar iglesias es la forma más efectiva de alcanzar personas (…) y por lo tanto esto es esencial al cumplimiento de nuestra misión (…) y es también esencial para el desarrollo de nuestra iglesia” agrega Jonathan Muñoz, pastor y Director del Seminario Teológico José Manuel Ibáñez Guzmán.
Sin duda, una convicción que no sólo le pertenece a nuestro hermano Jonathan, “…se puede comenzar iglesias o plantar iglesias de diferentes formas, no hay un estilo único, por ejemplo yo comencé de cero (…), otros empiezan con grupos familiares, otros con todo el aparato lingüístico y/o escénico, entonces yo creo que no tiene que ver con un estilo, sino con ganas, tiene que haber ganas, consagración, entusiasmo, apoyo (...) sueñen con plantar iglesias, que las iglesias se arriesguen, que oren por esto…” señala enfáticamente el pastor Alejandro Silva, que en diciembre del 2010 cumple tres años de ministerio en la Avanzada de Temuco. Un proceso que como él bien nos relata comenzó de cero porque “…nosotros [Él y su esposa] estuvimos orando todo la mitad del año, pero en realidad no teníamos un trabajo claro, porque nosotros llegamos y nos dimos cuenta que habían dos personas en la iglesia, que eran adherentes (…) y un gimnasio, pero que estaba en un lugar donde no hay mucha gente y es súper difícil llegar…”.
Sin embargo, esto no desanimo a este pastor, al contrario se aferró al poder de Dios y en oración le preguntaba a Él “¿Señor cómo comenzamos? ¿Cómo nos hacemos conocidos? ¿Cómo germinamos contactos? No sabíamos porque una cosa es plantar una iglesia con un centro o con familias (…) pero otra cosa es plantar una iglesia de cero y ese era nuestro caso”, nos cuenta este plantador.
Y no podía ser de otra forma, el Señor le respondió y en enero del 2008 llega hasta Temuco un grupo evangelístico brasileño llamado “Jesús en una escuela” que logran, mediante la presentación de obras de teatro y canciones en plazas específicas de un sector delimitado previamente, mostrar el evangelio a más de seiscientos adultos y niños, de los cuales “treinta acceden a dejar sus datos y así comienza un sistema regular de visitas (…) [que propicia] finalmente [que] seis personas se conviertan al Señor”.
Un mes después, en febrero del 2008, un nuevo proceso de evangelización, encabezado por el grupo de adolescentes de la 5ª Iglesia Presbiteriana de Santiago reafirma y afianza este trabajo, que permite “conocer personas, establecer lazos, para poder llegar hasta ellos y predicarles el Evangelio”.
De esta manera, surgen las primeras familias de la iglesia y al comenzar este año ya asisten entre 15 a 20 hermanos a las reuniones. En agosto se realiza la primera recepción de miembros y le dan el vamos a una nueva tarea de evangelización, esta vez se trata de un puerta a puerta que se realiza cada sábado a los vecinos del sector. De esta manera, llegan a las 28 personas, la casa en la que se reúnen se hace pequeña, así que deciden trasladarse al auditorio de un colegio cercano, que tiene capacidad para más de 100 personas, hoy son 30 las que se reúnen cada domingo, pero esperan seguir creciendo “…en marzo haríamos un grupo base [lo conformarían los 12 miembros que hoy forman parte de la congregación] y ahí recién haríamos lo que otras iglesias hacen cuando comienzan, que son los grupos familiares, lo que nos permitirá, con la ayuda del Señor, seguir creciendo”, concluye entusiasta el pastor Alejandro.
Esta historia que nos emociona y nos invita a emprender nuevos desafíos para la gloria del Señor, por su gracia y misericordia se replica también en el norte del país. Nuestro hermano licenciado Guido Benavides, decidió convertir su práctica pastoral en una oportunidad para llevar adelante un proyecto evangelístico en La Serena “no hay una fecha clara de cuando comenzó el proyecto en La Serena, yo sé que es un proyecto que lleva bastante tiempo, y que ha costado (…) porque se pensaba que La Serena era la ciudad más católica, pero creo que hoy esta realidad ha cambiado, ya no es una región católica, sino pluralista (…) y creo que me enamoré de este proyecto porque me enamoré de la potencialidad que existe ahí, de lo que se puede hacer ahí”, rememora el licenciado Guido Benavides.
Tras varios meses de trabajo y una serie de altos y bajos este joven licenciado sabe que “…muchas veces hay cosas que [se] tratan de apurar, pero hay que hacer las cosas lentas, hay que programarse (…) Hoy La Serena está en un periodo de gestación”, y nos relata entusiasta los pasos a seguir en este proyecto “Ahora vamos a trabajar con tres grupos de hogar, que se basan en el principio de la familia, tres familias que abren sus casas para las demás personas (…) vamos a trabajar en nuestra visión y orar, y un domingo al mes vamos hacer Santa Cena…”
Un entusiasmo que es transversal en los testimonios de estos hombres, al igual que el sentir de nuestro hermano Vladimir Pacheco, presbítero plantador de la Iglesia Presbiteriana Puente de Vida - que realizó recientemente su primer culto público - “yo quisiera agradecer al Señor por su misericordia y por la gracia que ha manifestado en nuestras vidas al permitirnos ser partícipe de esta bendición”.

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